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Daniel Ulibarri

Himno

¡Tierra, océano, aire y amada humanidad!

Si nuestra gran Madre ha imbuido mi alma

con algo de piedad natural para sentir amor,

y recompensa la bendición con la mía;

si la mañana está cubierta de rocío,

con la puesta de sol

y sus espléndidos ministros,

silenciosos hormigueos solemnes de medianoche;

si el hueco del otoño suspira en el árido bosque,

y con el invierno se corona de hielo

y estrella la hierba gris y las ramas desnudas;

si los voluptuosos jadeos primaverales

al respirar sus primeros dulces besos,

me permiten ser muy querido;

si no hay un pájaro brillante,

ni un insecto o una bestia apacible

que haya conscientemente lastimado,

si aún he amado y acariciado a mis padres;

entonces perdoná a ese que se jacta,

ese hermano que he retirado por protección…

¡Ninguna porción de tu favor deseo ahora!

¡Madre de este mundo insondable!

Favorecé mi canto solemne,

porque te he amado a vos siempre,

yo he observado tu sombra

y las tinieblas de tus pasos,

y mi corazón siempre contempla la profundidad

de tus hondos misterios.

He hecho mi cama en osales y ataúdes,

donde la muerte negra lleva registro

de los trofeos que te ganaste, esperando acallar

estos obstinados cuestionamientos

sobre vos y de los tuyos,

forzando a un fantasma solitario

a ser tu mensajero, para entregar el cuento

de lo que somos y de lo que fuimos.

En horas solitarias y silenciosas

cuando la noche hace un sonido

extraño de su propia quietud,

como un alquimista inspirado y desesperado

apostando su vida en alguna oscura esperanza,

¿He mezclado conversaciones horribles

y miradas obstinadas con mi más inocente amor?,

hasta extrañas lágrimas uniéndome

con esos besos sin aliento, hecha tal la magia

que obliga a la noche encantada a pagar tu cargo:

aunque nunca has descubierto tu santuario,

basta de sueños incomunicables,

y fantasmas crepusculares

y pensamientos profundos al mediodía

ardiendo dentro de mí,

quien serenamente ahora inmóvil,

como una lira olvidada suspendida

en la cúpula solitaria de alguna

fane misteriosa y desierta, espera tu aliento,

tu llanto, para darte mi afecto

puedo modular con los soplos del aire,

y movimientos de los bosques y el mar,

y la voz de un ser vivo,

el himno tejido de noche y de día,

y mi corazón profundo de un ser de fuego.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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