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Daniel Ulibarri

Hijos de Dios

El 26 de mayo, Costa Rica legalizó el matrimonio igualitario. En un momento en el que tantas democracias viven asaltos conservadores, el logro de Costa Rica fue excepcional.

Lo que ocurrió en nuestro país es el tipo de victoria de los derechos civiles que se puede esperar cuando se adopta un modelo de gobierno que fusiona la inclusión social con instituciones liberales y rechaza el populismo en favor del Estado de derecho.

El matrimonio igualitario se ha convertido en un estándar en muchas democracias ricas, pero sigue siendo poco común en casi todo el mundo. Hay una razón para ello.

La oposición al matrimonio igualitario tiende a ser extensa y virulenta, al menos al inicio.

Quizás por eso, mucha polémica suscitaron las recientes palabras del Papa Francisco acerca de las uniones civiles entre personas homosexuales.

No voy a añadir mi interpretación a las muchas que se dieron a esa declaración papal, pero pienso que en relación con ella se debe tomar en cuenta el espíritu con que se dijo, espíritu de comprensión, de amor.

Yo pienso que los homosexuales deben tener los mismos derechos que los heterosexuales.

Cualquier limitación que a eso se imponga será una forma irracional, injusta y anacrónica, de discriminación.

Esto que digo lo aplico lo mismo al Estado que a la Iglesia.

Los homosexuales son hijos de Dios y la Iglesia debe darles el mismo trato que da a todos los hijos de Dios.

Cualquier limitación que a eso se imponga será una falta grave de caridad y un alejamiento del amor que Cristo predicó.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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