Daniel Ulibarri

Hijo de la tierra

 
Mientras el hombre caía sobre la arena caliente,
 
comenzó a pensar en el hijo que una vez tuvo,
 
en el amor que tuvo no hace mucho tiempo,
 
y en el circo que tuvo una vez con el que
 
viajaría por la tierra, las aguas y los cielos.
 
Mientras estaba sentado en su desierto, demasiado
 
seco como para dejar caer una sola lágrima por su
 
tribu y su familia, miró a sus únicos amigos:
 
El sol, el cielo, la tierra, las plantas…
 
Suplicó perdón y un niño al que cuidar.
 
Entonces sintió un dolor agudo,
 
luego el llanto de un bebé recién nacido
y ya no se sintió nunca solo, sino feliz.
 
Luego miró a su alrededor y silenciosamente
 
le dijo gracias a sus amigos y notó como
 
todo comenzó a florecer y cobrar vida.
 
Nació un segundo bebé, pero
 
no era una persona, sino un animal.
 
Luego, una luz brillante bajó hacia el y le dijo:
 
Se te ha dado el mayor regalo de todos
 
los tiempos, el regalo de crear vida
 
para todo tipo de seres vivientes“.
 
Luego cerró los ojos y comenzó a pensar
 
en todos sus amigos, abrió los ojos y vio
 
a sus amigos y familiares mirándole.
 
Desde ese día supo que la tierra tendría vida.
 
La tierra que él, una vez, vagaba solo.

 

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