octubre 31, 2020

Con pena y todo diré que Guacalito era muy feo.

Se llamaba en verdad Guácalo, pero el diminutivo lo ayudaba.

Su padre, hombre de grandes medios de fortuna, temía que por su fealdad el muchacho se quedara sin conocer los deleites del amor carnal y los más tranquilos goces de la felicidad doméstica, de modo que se puso a buscarle compañera.

Pensó que una muchacha de nombre Turpentina, hija de un cierto amigo suyo, sería buena candidata, y le presentó a su hijo.

Seguidamente la llevó aparte y le propuso:

“Si aceptás a Guacalito te depositaré un millón de dólares en el banco”.

Sugirió ella:

“¿Por qué mejor no acepto el millón de dólares y depositamos en el banco a Guacalito?”

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: