septiembre 21, 2021

Cuando el roble golpeado por la tormenta se acercó a la casa,

la otra mitad se estrelló contra el patio de los vecinos…

La mitad restante del árbol se inclinó hacia la caja de vidrio.

Diagonal para quienes no teníamos ninguna señal visual,

salvo por una cornamenta lanzada por una constelación.

Cuando la mitad andrajosa se inclinó más cerca,

la segunda tormenta de nieve empalagosa

comenzó a tirar de la conmoción y aún amenazante división,

sus ramas se arrastraron más bajo como dobladillos rasgados.

Estaba tropezando hasta que crujieron en el techo

cada ruido es una amenaza de un cuerpo a otro…

Gracias a Dios por nuestro árbol,

cómo nos ha acompañado todos estos años,

Gracias a Dios por su recitación

de las estaciones y por nuestras ventanas…

Gracias a Dios por el canto de los pájaros

y los juegos que nos impiden vivir solos,

por su sombra ofrecida y el crujido del murciélago

resonando hasta setiembre.

Cuando sus bellotas del tamaño de una moneda

aterrizan en el toldo de hojalata de al lado.

Tengo piedad de nosotros, de vos,

de la hermosa y ahora devastada tierra…

y por toda cargada destrucción,

como el libro de salmos.

Solamente ÉL es el cielo.

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