Daniel Ulibarri

Así pasa la Gloria del mundo

¡Poeta sin laura!

¿Por qué deberías fingir

una vaga humildad que no sientes?

Los versos, cuando los hayas firmado,

no necesitan amigos, aunque te sobran bendiciones.

Tus sonatas sensatas construyen,

nunca hieren ni dañan.

No son maldiciones para cervatillos

en el talón de favor.

Así que, en todo momento de alegre

truculencia, solo, encerrado en mi

dormitorio por la noche, preparo mi ego

con magnificencia… Luego me encojo

de hombros y apago la luz. Y viajamos juntos.

¡Así pasa la Gloria del mundo!

 

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