septiembre 21, 2021

La mano, la lanza delicada, la farsa, las mentiras. La máscara constante en la cambiante luz de los ojos, en un diagrama de formas. Es nuestro desorden; debe ser nuestra voluntad.

Está tejida con el disfraz incompleto donde en la colina duerme el idiota pastor, nuestros juicios se deshacen…

Los dioses están resueltos; en ellos está nuestra fortuna. Las manos de los gemelos se cruzan, quizás para matar. Perdido en un espiral más allá del sol del mediodía se mueven, los invisibles.

Cástor y Pólux se enfurecen en los cielos quietos ardiendo más allá del sol que entra en la casa de los caminos y toca nuestras manos.

Y muchos miran los cielos flamear con mentiras. ¿Quién no puede moldear o nombrar una estrella de nuevo?

Así, en un fuego agonizante, un teatro en ruinas, un disfraz viejo, vuelvo a buscar en gracia las mentes y guardianes. Y regresa en un círculo la estrella de la mañana.

La noche, la guerra común, la máscara constante a la luz cambiante de los ojos. Así estamos inmóviles; nuestro círculo miente más allá del zodíaco.

A la luz de figuras giratorias de la rueda, Cástor y Pólux se enfurecen en los cielos quietos.

Y en silencio llega la máscara, no permite hablar hasta que la tierra se enfríe. La máscara constante en la cambiante luz de los ojos.

Son manos, brazos en círculos.

Las horas se agitan. Los sueños, que se han revelado uno a uno. Lo que las estrellas no han predicho…

Y extrañamente nos encontramos; pero solo disfrazados.

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