septiembre 30, 2020

 

Necesitamos en Costa Rica un Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, Lesbofobia, Transfobia y Bifobia. Ampliando el decreto que con anterioridad incluía únicamente a la homofobia.

Como motivación y fundamento del acto administrativo, se cita al 17 de mayo de 1990, día en que se extrae de la lista de Trastornos Mentales de la Organización Mundial de la Salud la Homosexualidad, creando una ola de repercusiones socioculturales alrededor del mundo.

Desafortunadamente la OMS suele ser negligente al aclarar lo que un trastorno mental es, creando un ecosistema de ambigüedad nocivo para la ciencia.

Actualmente un “Trastorno Mental se caracteriza por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás”.

La definición es una muestra evidente de imposición cultural e ignorante sobre un concepto que debería ser puramente médico.

Es completamente obsoleto afirmar que una enfermedad mental surge cuando existe “una combinación de alteraciones de la conducta y las relaciones con los demás”, eso es simplemente una definición de la evolución, tan sólo un relato de la realidad. 

Las sociedades son organismos biológicos en constante cambio, la dinámica social es, naturalmente, cambiante. Todo lo anterior sin mencionar que existen tantas realidades culturales como comunidades en el mundo, entender que no hay un esquema exacto de lo que “debe ser” un humano en interacción, remarca lo inmensamente inexacta que es la definición.

Hemos sido tan profundamente intolerantes con la diversidad que aquellos países en control de las definiciones culturales en la red de conocimientos globales se han encargado de imponer lo que debe de ser un humano en interacción.

Clasificamos a ellos como personas que se salen de “quicio” cuando, en realidad, no existe un concepto internacional válido de cuál y qué es el quicio.

Este silogismo es una grosería a la lógica, carente de toda apreciación fáctica y deplorable sustento “científico”.

Prueba de ello, es el año 1990 en la errónea clasificación de la homosexualidad en la lista de trastornos. Un trastorno debe entenderse como un proceso cognitivo que causa daños externos en la persona, un problema interno que se expresa externamente en daños físicos como la pérdida del cabello, náuseas e insomnio llegando hasta la autolesión y el suicidio. 

Una mujer lesbiana no tiene ningún daño cognitivo hasta que se le discrimina, rechaza o denigra por sus preferencias sexuales, e incluso, recibiendo estos tratos infrahumanos, podrá mantenerse en perfecta salud, tumbando así, por completo, la falsa relación que la OMS exponía.

Surge la paradoja de aquellos que se oponen a la adopción homoparental, porque el menor “recibirá hostilidad” de la sociedad en la que se inmersa.

Démonos cuenta, por favor, el problema de esa lógica no está en el cambio que la sociedad recibe, sino en la sociedad que recibe al cambio.

Abracemos la tarea de educarnos en lo diverso como sociedad civilizada, el sexo, el género y la sexualidad son conceptos distintos y debemos involucrarles en nuestra dinámica colectiva, les explico: 

El sexo es la condición físico/biológica con la que nace un individuo, se define a partir de los genitales y hay una variedad, no es binario. El hermafroditismo, por ejemplo.

Continuamos con el género, que es el conjunto de conductas y dinámicas sociales atribuibles a alguno de los sexos, de aquí surgen teorías interesantísimas sobre discriminación e interseccionalidad.

Son estigmas dañinos que provocan la existencia de un número creciente de personas que se definen como “queer”, ajenos a cualquiera de los géneros. 

En mi página de Twitter les dejo un link a la edición que National Geographic le dedicó a todos los tipos de género existentes.

Ahora definamos la sexualidad, que, como el género y el sexo, no es binaria.

Existen cerca de 15 tipos de sexualidad, incluyendo la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad, las tres principales. El sexo es la atracción erótico-afectiva que el individuo siente y puede expresarse de diversas formas.

Bastará para razonar que todos estamos construidos sobre estos tres pilares y que existen un sinfín de combinaciones diferentes que crean un mundo puramente diverso en el que el daño a un tercero deberá ser nuestro único límite. 

Aceptar nuestras diferencias y afrontar nuestras fobias con educación será clave para atender a la paz en los años siguientes.

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