«De noche todos los gatos son pardos«.

Así reza la conocida frase.

Sin embargo yo conocí a un gato que de noche no era pardo. Era café.

Los demás gatos, pardos todos, le reprochaban su color, y le pedían que se pintara de pardo para que se cumpliera el dicho aquel: «De noche todos los gatos son pardos».

Pero el gato café, firme, contestó que no podía renunciar a su color.

Yo no lo desapruebo. Antes bien alabo su constancia, virtud tan rara en estos inconstantes tiempos.

Por eso he hecho una promesa de la cual pido a mis lectores den constancia: en adelante, siempre que diga yo, o escriba: «De noche todos los gatos son pardos«, añadiré invariablemente: «Menos uno, que es café«.

Honor a quien honor merece. (Aunque, la verdad sea dicha, de noche todos los gatos son pardos).

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