Aquel hombre joven y robusto presumía de su gran fuerza. Dijo que era capaz de llevar a una distancia de 100 metros cualquier carga, por pesada que fuera, que cupiese en una carretilla.

Un anciano puso en duda su capacidad para llevar a cabo aquella hazaña. Repitió el muchacho:

-Si la carga cabe en la carretilla le apuesto que puedo llevarla a esa distancia. Va mi salario del día contra el suyo. Aquí está la carretilla. ¿Cuál es la carga?

Con una sola palabra respondió el anciano:

-Súbase.

Entendió el muchacho, entonces, que la fuerza del cuerpo vale nada si no está acompañada por la fuerza de la razón.

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