septiembre 27, 2020

El fuego ejerce de hipnotizador en el fogón de la cocina de la antigua casona del Potrero.

La lluvia mojó la leña que ahora arde, de modo que crepita como si se quejara y lanza chispas que en un instante son y en el siguiente ya no son, lo mismo que nosotros.

Al hombre le gusta ver la lumbre, atavismo seguramente heredado de antiquísimos antepasados.

Le agrada oír el borbollar de la olla y percibir el aroma del té de menta que bebe a tragos de nostalgias y recuerdos.

Se escucha el murmurar de la lluvia mansa sobre el techo, y a lo lejos el paso de las aguas bravas por el crecido arroyo.

Pronto será la hora del sueño.

Ahora es la hora de los sueños.

El fuego se va apagando lentamente.

Ya no hay chispas.

Mañana será otro día.

Quizás.

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