Daniel Ulibarri

Fregados

 
Frotar y restregar, el destino inevitable de espíritus gemelos.
 
Este par de locuaces querubines plateados que se deslizan a una distancia segura por encima de su rango y cuerpos inmaculados no son como los del proletariado de esos pequeños pueblos donde debería salir arsénico del tubo del agua.
 
Son paisajes fascinantes que escasean por los cuales ambos atraviesan, con las axilas empapadas y afrutados genitales, que resurgen con fuerza del trabajo y esos dulces beneficios pecuniarios.
 
Pegadizos e impulsivos los esfínteres que explotan en corrientes ascendentes para luego ascender, abrirse y remontar.
 
Pero nuestros espíritus son tan hermosos y lampiños que desplazan avanzada maquinaria voladora con esos traseros de cristal que son gigantes y sagrados como la gloria de Dios.
 
¿Qué nociones rápidas y heladas tienen que encajan entre sí como los relojes más apretados.?
 
Secretos son mejores no revelados.
 
Abren sus bocas para lamer sus labios mientras miran hacia abajo con júbilo anticipado, exponiendo todo a todo el pueblo, tan culpables como inocentes, cada uno un voyeur agitado por sus propios espíritus ardientes.
 
Al toparse los miembros, uno con otro, levitando por los cielos, presumiendo esas almas arropadas cuya descripción y propiedades varía según las tradiciones y perspectivas…
 
Manifiestos directos entre las emociones y disciplinas inmersivas, estímulos y esencias sensoriales que se friegan como estropajos empapados.
 
Realmente estos locos limpiaron la totalidad de sus vajillas y cubiertos.
 

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