Daniel Ulibarri

Fragilidad

 

Pálido, luego encendido.

Ligero. Avanzando escudo de armas.

Cumbres de palmeras y pinos.

 

El rocío constante.

La escritura de centelleos.

 

Pronto rugido del cortacéspedes.

 

Hombres con boquillas largas.

 

Cilindros de pesticida hurgando

en las malas hierbas al musgo

en las grietas del cemento.

 

El rugido fuerte de helicópteros

fumigan viñedos donde los acuerdos y las leyes

intentan contener la respiración.

 

A lo lejos bulldozers y excavadoras,

babel de construcción destructiva.

 

Anillado por lo profundo,

sombra de roble aireado

sombra de eucalipto.

 

Lechuga del minero, tierna, sin sabor,

y otras hierbas, sin segar; exuberantes.

 

No hay verde más brillante.

 

Paraíso frágil.

El final del día.

 

Vasto, generoso,inundado

de transparentes, de color malva, tintes de glicina.

 

Despejado sobre los centros comerciales,

los parques industriales, las casas con

luces encendidas mientras los desahuciados

cuidan sus bultos…

 

Quien pueda pronunciar la conmoción

de todo lo que está constantemente

amenazado, invadido y gastado

sin embargo reconocerá que

persiste aquí la belleza.

 

Tranquila como esa luna joven,

esa que acaba de levantarse

y lentamente bebe la luz del sol desaparecido.

 

¿Quién puede pronunciar el elogio

de tanta generosidad o la vergüenza?

 

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