octubre 22, 2020

Esta ave se llama fragata.

Los marineros dicen que el macho de la especie no se posa nunca en ningún lado, ni en el mar, ni en la tierra, ni en los mástiles de los navíos.

Echa a volar del nido en que nació y ya no suspende nunca el vuelo.

Volando se alimenta, volando duerme, volando hace el amor -¡qué maravilla!- y volando muere.

Hombre atado a la tierra y a lo terrenal yo envidio a esa ave volandera.

Dueña del aire, vive en él, y en él la vida se le acaba.

Cae de pronto -los marinos han visto eso-, y cuando cae viene ya muerta.

Fragata…

El polvo del mundo no la mancha ni las aguas del mar la contaminan.

La altura es su morada, allá donde no se oyen las voces del mundo.

Sólo la tocan los rayos del sol, y en la noche el resplandor de las estrellas.

El viajero miró una vez una fragata desde la cubierta de un barco que navegaba por el mar del color del vino.

Tan alto volaba el ave que la envidia del viajero no llegó a ella.

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