septiembre 17, 2021

Se cuenta de un forastero que llegó en su automóvil a un pequeño pueblo.

Había extraviado el rumbo y no sabía qué camino tomar para volver a la carretera principal.

En la plazuela del lugarejo vio a un anciano, y le ofreció unos pesos si lo llevaba allá.

No puedo acompañarlo, señor -se disculpó el viejito-. Tengo un compromiso de importancia.

El forastero se extrañó.

¿Qué compromiso importante podía tener el vejete en un lugarejo como aquél?

Le preguntó:

¿Qué compromiso tiene?

Respondió el anciano:

Debo ir a la boda de mi padre.

¡No lo puedo creer! -se admiró el otro-. ¿Qué edad tiene usted?

90 años -contestó el interrogado.

¿Y su papá?

110.

El viajero exclamó, estupefacto:

¿Y a los 110 años de edad quiere casarse su padre?

Replicó el ancianito:

No quiere. Tiene qué.

Las historias de pueblo tienen gracia. Y muchas gracias tiene el pueblo, pero la demagogia no las ve.

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