septiembre 21, 2021

Me cagan las fiestas con tantos parientes:

con aquel que  tropieza, la otra que se golpea y derrama su vaso:

no puede recordar que está borracha,

como la mitad de primos, que se desvanecen…

El anfitrión es mi pobre hermano; no puede detener

el leve parpadeo de sus pestañas y me importan:

porque reflejan el bamboleo y traqueteo

de un mecanismo prácticamente falso y roto.

El tío con fama… pero de tramposo

cuenta chistes misóginos a sus nueras tiesas

y a esas tías con puñales como cejas.

Miradas que son pura violencia,

donde la suma de las partes cede

a conversaciones incómodas, pasivas y agresivas,

como la pieza matriarcal que se nos rompe:

la abuela y su cadera…

¡como piñata! 

Silencio entre unos y otros.

El tío puritano se asoma con terror

pero no llama a la ambulancia.

En este frenesí desastroso y genético

aún no estoy seguro de si soy el paisaje que miro,

o el turista que quiere marcharse

liberado.

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