octubre 25, 2020

En tiempos de pandemia, probablemente emociones como la incertidumbre, la preocupación, el temor y la desesperanza sean más frecuentes que la felicidad, la alegría o el gozo.

Por lo tanto, es buen momento para reflexionar sobre qué nos hace felices y dónde buscamos la felicidad.

De manera natural, nos sentimos bien al satisfacer nuestras necesidades fisiológicas y psicológicas: de alimento, de afecto, de reconocimiento, etcétera. Chocolate, sexo, likes. Hormonas fluyen en nuestro cerebro y disfrutamos. Pero todas estas fuentes de felicidad son temporales.

Volveremos a tener hambre, las condiciones cambiarán, en cualquier momento moriremos. Nuestro cerebro ansía más hormonas. No es que debamos de renunciar a la satisfacción de nuestras necesidades.

Es que nunca terminaremos de satisfacerlas, por lo que si enfocamos todos nuestros esfuerzos en ellas, constantemente estaremos frustrados.

Aun alcanzando nuestras metas, el gusto nos durará poco, ya que buscaremos nuevas metas. Y en el momento en el que perdamos lo que nos satisface, sufriremos.

¿Hay manera de independizarnos de las causas de nuestra felicidad? Sí, pero entonces no podemos buscarlas fuera de nosotros, ya que tenemos un control limitado sobre nuestro entorno.

Sin embargo, podemos aprender a buscar causas de nuestra felicidad dentro de nosotros. Entonces, en teoría, podemos ser felices independientemente de las condiciones externas.

En la práctica, parecería que no hay cosa más difícil. Más en estos momentos. Millones en todo el mundo han perdido seres queridos, empleos, y situaciones difíciles se han complicado aún más. Aún si somos afortunados y no nos ha afectado mucho la pandemia, sería solipsismo ser indiferentes al sufrimiento ajeno.

La clave no es negar el sufrimiento, sino aceptarlo como parte de la vida. Si deseamos que no hubiese ocurrido, nos frustraremos inútilmente.

Si vemos a las situaciones difíciles como retos y oportunidades de aprendizaje más que tragedias, nos damos cuenta que también son temporales.

Nos podemos enfocar no sólo en las partes que nos producen placer en la vida, sino en todo el potencial de experimentar tanto placer como sufrimiento, y cómo uno lleva al otro.

Este desapego es muy diferente a no sentir malestar. Va más allá, al aceptar el sufrimiento como parte de nuestro potencial, al no tomarlo como algo personal. Más aún, con esta actitud, podemos actuar aun en la adversidad.

Si nos ahogamos en nuestras penas, el “cómodo” rol de víctimas será un buen pretexto para seguir sufriendo. Con una visión más amplia, podemos enfocarnos no sólo en los problemas que enfrentamos, sino en todos los caminos que nos pueden sacar de ellos.

Muchas veces, somos infelices porque nos enfocamos en lo que queremos que no tenemos, o en lo que no queremos que tenemos. Se dice más fácil de lo que se hace, pero con cierto esfuerzo, un momento a la vez, poco a poco, podemos enfocarnos en lo que queremos que sí tenemos y en lo que no queremos que no tenemos. Siempre encontraremos algo en alguna de las cuatro categorías, depende de nosotros hacia cuál queremos guiar nuestra atención.

Otra manera de promover las emociones positivas es enfocándonos en el ahora. Tendemos a repasar el pasado (lo bueno y lo malo) y a planear el futuro (lo bueno y lo malo). Pero el pasado ya fue y el futuro no está aquí. Lo único que tenemos es el presente. Sólo podemos actuar en el presente. Sólo podemos experimentar el presente.

Los recuerdos y las predicciones son proyecciones del pasado y del futuro al presente, transformadas por nuestro estado actual. Podemos usar como metáfora de nuestra mente a una pantalla. Si en lugar de fijarnos en las imágenes que se proyectan, nos enfocamos en el potencial de proyección, y en que nosotros podemos decidir qué se proyecta, podemos cambiar de canal. No podemos cambiar muchas cosas. Sin embargo, sí podemos cambiar cómo las percibimos y cómo nos afectan.

A veces es difícil encontrar un camino para nuestra felicidad. Pero todos queremos ser felices. Un camino seguro para nuestra felicidad es ayudar a los demás a ser felices. Aún sin saber qué es lo que queremos de nuestra vida o qué es lo que nos hace felices, si propagamos felicidad a nuestro entorno, seremos felices. No me crean, pruébenlo.

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