La casa del Potrero está llena de fantasmas.

Se aparece en las noches Teresita. Unos días antes de su boda los bandoleros del camino le quitaron la vida al novio, que venía a casarse, y meses después Teresita murió de tristeza.

Vaga también por los aposentos el espectro de don Fernando, que abandonó a su esposa y a sus hijos para seguir a una suripanta que lo sedujo.

El desdichado camina de uno a otro lado de la casa repitiendo una palabra:

«Perdón… Perdón… Perdón…«.

Me dice el cuidador de la casa que desde que no he ido al rancho, por el confinamiento que nos impone la pandemia, los fantasmas no se aparecen ya.

Yo pienso que en su conversación se dicen unos a otros:

-¿Te has fijado? Ya no han venido los fantasmas.

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