Daniel Ulibarri

Exceso de vida

 

Incurable ante cualquier verdad

 

que no sea la certeza del duelo,

 

vi un árbol dentro de un árbol

 

elevarse caleidoscópicamente

 

como si sus hojas fueran fantasmas.

 

Presioné mi cara al dolor lo más cerca

 

que pude para observar ese espíritu

 

caprichoso y fluido que parecía un solo

 

ser indefinido, cúmulo de innumerables

 

seres de una sola mente, transportando

 

su extraña cohesión más allá de los límites

 

de mi visión sobre la casa hacia el cielo.

 

Siempre supe que esas hojas eran pájaros.

 

Por supuesto que el viejo árbol estaba

 

exactamente donde siempre estuvo y

 

aunque la mente de un hombre pueda

 

dotar hasta un árbol con exceso de vida

 

de la que el hombre parece testigo,

 

la vida no es la vida de los hombres.

 

Y ahí es donde entró la alegría.

 

 

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