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Daniel Ulibarri

Eva

Había hojas de higuera, claro.

Y de parra, naturalmente.

Pero había también hojas de encino.

De roble.

De haya.

De abedul.

De sicomoro.

De álamo.

Había incluso hojas de jacaranda.

De baobab.

De ombú.

Había hojas de mil árboles.

Y aun así dijo Eva:

-No tengo nada qué ponerme.