Daniel Ulibarri

Esto es guerra

 

Escucho mi calle con ritmo irregular y vencida por la vida y las tumbas que empujan con manos que no podrán tocar la luz.

 

Nada más el sol a través de techos y raíces que se deslizan a un lado, silbidos de fuego hacen lo que tienen que hacer.

 

Veo el cuerpo de mi vecino en una valla, su rostro en el aire: los disparos lo despiden junto al gas que derritió su cara.

 

Siento los tanques en la sangre y la inocencia asada a la parrilla, comiéndose el humo a través de mis huesos.

 

Nadie sabe a qué vino, ni qué es, o qué dice.

 

¿Puedo volver de nuevo a la vida si no es vida?

 

Me ahogo en jugos amargos y me atrapan los ojos del ángel demoníaco, que me promete alas de cosas que se levantan.

 

No tengo ilusión, curiosidad ni amor, tampoco puedo fingir latidos que nunca han estado, que nunca estarán.

 

La familia sigue soplando, me pide volar para ver aterrizar un árbol empapado en sueños de rojo y últimas palabras. 

 

Siento el ardor contra la pared, casi viviendo, casi muriendo. Estoy tan enojado, por eso estoy más aquí que más que allá.

 

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: