Estas cosas que ves, y que te miran
cuando no te das cuenta, son las cosas
que vos llamás «mis cosas«, y que nombrás,
numerás, medís, pesás y registrás.

Pero ellas son tus dueñas y señoras.
Te siguen como perras. Te vigilan.
Diría que son tu sombra. Así diría
si no es porque en verdad vos sos su sombra.

Cosido estás a cosas, y a tal costa
que ni siquiera querés que algún día
tu mortaja de cosas se descosa.

Muerto de cosas vas. Ellas te acosan.
A lo mejor, las cosas ya bien vistas,
vos no sos otra cosa que otra cosa.

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