octubre 26, 2021

Canto sobre esta tierra vieja donde los dioses se han refugiado

no en el cielo sino bajo el suelo y se alimentan de sacrificios humanos,

porque el odio dirige el negocio de la filantropía y dragones llameantes

eclipsan a todos esos fantasmas agraviados y apagados en sus tintas.

El olvido es silencio y la sonrisa son huellas de sabiduría.

Las palabras imitan a todas esas lanzas y crueles espadas.

Canto sobre esta tierra donde la verdad es una maldita leyenda,

como mis antepasados esparcidos por los vientos,

apresurados al desaparecer de sus casas, audaces y ligeros,

sin alertar al enemigo que vino de lejos y ahora estaba tan cerca.

Me uno a los que huyeron y desaparecieron hacia otras tierras…

sin esperanza más que persistencia, sin honor más que la historia,

cantando el manifiesto eterno, la maldición que nos ha unido

y nos arraiga profundamente en el naufragio de la patria que perdimos.

Toco la tierra por la noche. Como un verdadero loco trazo el mapa en el suelo:

desde las montañas, aldeas y ríos, hasta las grandes costas y ciudades.

Veo los campos del sur y los bosques del norte, la lluvia en pleno verano…

Sueño con esa tierra. No por felicidad ni por el despecho de la cosecha.

Sueño solo con sufrir junto a mi gente y que nunca se repita nuestra suerte.

Sueño con amigos y con ser útil al completar orgulloso un arduo trabajo.

Canto por morir fácilmente con la dignidad que todos tanto anhelamos.

Lloro por esta tierra vieja, por su vasta estrechez, por su profunda estupidez,

su caos y tenacidad, por su poder de poseer a los de mi especie para devorarnos

y nutrirse de nuestros corazones y gemidos de monstruosas canciones de enorme

grandeza y despiadada devoción, la canción enloquecida por el ciclo de esta tierra.

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