El mundo comienza en la mesa de la cocina.

No importa qué, debemos comer para vivir.

Los dones de la tierra se traen y preparan

y se colocan sobre la mesa.

Así ha sido desde su creación, y continuará.

Ahuyentamos a las gallinas o los perros.

Los bebés sienten sus dientes salir de las encías.

Se raspan las rodillas debajo.

Es aquí donde los niños reciben instrucciones

sobre lo que significa ser humano.

Hacemos hombres de ellos, hacemos mujeres.

En esta mesa chismeamos, recordamos enemigos

y los fantasmas de los amantes.

Los sueños toman café con nosotros

mientras abrazan a nuestros hijos.

Se ríen de nuestras pobres identidades caídas

cuando nos reunimos una vez más en la mesa.

Esta mesa ha sido una casa bajo la lluvia,

una sombrilla bajo el sol.

Guerras han comenzado y terminado en esta mesa.

Un lugar para esconderse de la sombra y terror.

Un lugar para celebrar la terrible victoria.

Hemos dado a luz en esta mesa

y hemos preparado a nuestros padres

para sus entierros también.

En esta mesa cantamos con alegría y tristeza.

Oramos por el sufrimiento y el remordimiento.

Damos gracias.

Quizás el mundo se acabe en la mesa de la cocina,

mientras reímos y lloramos,

comiendo el último y dulce bocadillo.

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