septiembre 30, 2020

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¿Volveremos a tener sexo alguna vez?“.

Esa pregunta le hizo con temor la joven esposa a su furioso marido.

Sucedió que lo venció aplastantemente en una partida de tenis en el club ante la vista de un numeroso público que rio, divertido, el vencimiento del varón, y eso encalabrinó de tal manera al derrotado tipo que dejó de dirigirle la palabra a su mujer y se mostró con ella frío y distante.

Por eso la muchacha le planteó tímidamente esa interrogación:

¿Volveremos a tener sexo alguna vez?“.

Es probable que sí -respondió el enojado cónyuge-.

Pero no entre nosotros“.


El doctor Ken Hosanna iba a firmar una receta en el hospital, pero advirtió que lo que tenía en la mano era una termómetro rectal.

¡Santo Cielo! -exclamó consternado-.

¿Dónde estará mi pluma!“.


Camelina le comentó a su mamá que la noche anterior había tenido relaciones con su novio.

Le preguntó la señora, preocupada:

¿Y tomaste medidas?“.

Ay, mami -replicó Camelina-.

En esos momentos quién se acuerda de medir“.


Doña Cotilla felicitó a los novios que se casaron en la iglesia del barrio.

Le preguntó, curiosa, a la chica:

¿Y van a vivir con tus papás?“.

No, señora -respondió la desposada-.

Ellos todavía viven con los suyos“.


Al llegar a puerto el capitán del barco ordenó con voz tonante:

¡Marino Babalucas! ¡Tire el ancla!“.

Mejor regálemela, capi -sugirió el tontiloco-.

Está casi nueva“.


Una vedette le contó a otra:

“Aseguré mi busto en un millón de pesos”.

Con fingido interés preguntó la otra:

“¿Y te pagaron pérdida total?”.


Ya conocemos a Afrodisio Pitongo*: es un salaz sujeto proclive a la concupiscencia de la carne.

Le propuso a Loretela, muchacha de buenas familias, ir en su compañía al Motel Kamawa “a gozar juntos -dijo untuoso- las dulces mieles que nos brinda Venus“.

Respondió la muchacha, decidida:

Jamás haré tal cosa. Pienso que no puede haber sexo sin amor“.

Tienes razón -concedió Pitongo-.

Tú dame el sexo; el amor yo veré dónde lo consigo“.

*Nota: Este autor opina que el tal Afrodisio Pitongo es un cabrón, si me es permitida la palabra.


Muy mala suerte tuvo don Jolilo: en un accidente de trabajo perdió cierta parte de su cuerpo que tenía en alta estima.

No se preocupe -lo tranquilizó el doctor-.

Podemos implantarle una nueva. Las tenemos en tres tamaños: la grande cuesta 30 mil pesos, la mediana 20 mil y la pequeña 10 mil. ¿Cuál quiere usted?“.

Don Jolilo no era ni humilde ni soberbio, de modo que dijo que prefería la mediana.

Le sugirió el facultativo:

¿Por qué no consulta el caso con su esposa? A lo mejor ella escogerá otra opción“.

Al día siguiente regresó el señor.

Le preguntó el médico:

¿Qué tamaño prefirió su esposa?“.

Ninguno -contestó don Jolilo-.

Dijo que con ese dinero mejor pondrá cortinas nuevas en la sala“.


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