septiembre 28, 2020

El problema de disponer de mucho tiempo es que no llega el momento de aprovecharlo.

Antes de la pandemia buscábamos el “tiempo libre” que existe por contraste arrebatado a la tiranía del horario.

La felicidad existe a ratos.

El confinamiento cambia las costumbres. No necesitamos desplazarnos para “estar ahí”.

Quienes estudian o trabajan a distancia se encuentran siempre disponibles sin pretextos para desatender responsabilidades.

Ya veremos si se estudia o se trabaja mejor así; pero lo cierto es que el encierro no favorece la pérdida de tiempo.

No es fácil vivir en reclusión, “como si no se esperara”.

La literatura ha procurado ofrecer remedios para ese dilema con filosófico sentido del humor en los personajes de Esperando a Godot, por Samuel Beckett.

Las víctimas de la espera entienden que la existencia es una broma donde se aguarda lo que no llega.

En este mundo sublunar incluso los deseos deben hacer antesala.

Con incurable optimismo Beckett escribió que toda felicidad comienza con su anticipación; esperarla es parte de la dicha…

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