noviembre 30, 2020

¿Cuándo llegará el momento de hacer un balance sobre la tecnología cibernética y las redes sociales?

¿En qué época se arribará a la conclusión de si la creación de los teléfonos inteligentes fue lo mejor que le pudo pasar a la humanidad o lo peor?

Aún es pronto para ver las consecuencias de generaciones inmersas en el mundo virtual.

Un documental en Netflix llamado El Dilema de las Redes Sociales, narrado principalmente por ex empleados de grandes compañías como Facebook, Twitter y Google, pinta a estas corporaciones cuales monstruos hambrientos de obtener la atención de sus usuarios e influir en ellos.

No con intenciones malévolasal estilo Putin, sino como un esquema de negocios en que para ganar más dinero deben de cooptar a la gente.

Las redes sociales y los avances tecnológicos sacan lo mejor y lo peor de la humanidad, así que está por verse cómo nos impactará a la larga.

Algo que es un signo de los tiempos actuales es la falta de privacidad y la abundancia de cámaras por todos lados.

Cámaras de la calle que captan accidentes horribles que sacian a los morbosos y encuentran culpables, cámaras al interior de los negocios que evidencian a empleados corruptos y primordialmente cámaras en los teléfonos de los ciudadanos.

En Estados Unidos, gracias a grabaciones de transeúntes, se han podido exhibir abusos policiacos que han desencadenado protestas, renuncias y cambios sociales.

El celular se ha convertido en un arma de una ciudadanía desvalida ante la autoridad.

Si eso es en un país donde hay Estado de Derecho, en uno como Costa Rica los celulares son el conducto a través del cual la gente lleva a aparentes culpables a la Corte de las redes sociales.

En algunas ocasiones a estos personajes los mueve la prepotencia de un puesto, el sentirse superiores por el automóvil que conducen o su color de piel.

A la mayoría terminan por identificarlos y algunos de ellos piden disculpas públicas.

Al hacerlo aseguran que ellos no son de esa manera, que se les salió el chamuco, no pudieron evitarlo y bla bla bla.

Si queremos tener la fotografía completa del fenómeno de las “ladies” y los “lords” de Costa Rica (cómo se les llama en nuestro querido México) habría que analizar la contraparte: las redes sociales que esparcen los videos y se burlan de los implicados.

¿Cuánto de clasismo no hay en esa acción?

Los cibernautas están implícitamente diciendo “no tenés las credenciales para comportarte así, sos un clasemediero y te sentís un noble”.

Porque a los que cometen esos actos y tienen el pedigrí se les respeta y celebra, en esos supuestos ser llamado “lord” o “mirrey” es un piropo.

El que un tipo como Coco y su Pandilla haya tenido un exitoso show en Teletica hace 30 años parece haberle hecho creer al ventrílocuo que es su derecho hacer video tras video en el cual se la pasa siendo déspota y tratando mal a quienes ve hacia abajo.

Este señor -que se dice cristiano– demuestra que la molestia en redes no son los comportamientos per se, sino que los haga gente no digna de hacerlos.

Las redes sociales son un espejo que muestra a la Costa Rica racista y clasista que todos llevamos dentro, no importa de qué lado estés ni cuáles sean tus intenciones.

Y eso va para el resto del mundo.

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