¿Existirá esta flor? Quién sabe. La gente dice que crece entre las rocas en el pico más alto de El Potrero.

Sus pétalos tienen forma de cuerpo de mujer, y en su perfume hay más perfume que en la madreselva, el galán de noche o el clavel.

Hay quienes dicen que han visto esa flor, pero que su belleza los conmovió de tal manera que no pudieron cortarla para traerla y mostrarla a los demás.

Un cazador la vio: al regresar arrojó su rifle al lago y ya no volvió nunca a cazar.

Un ermitaño la miró también, y tras de verla bajó de la montaña y desposó a una hermosa muchacha campesina.

¿Cómo se llama esa flor? No tiene nombre.

No puede haber palabra humana para designar a algo con tal encanto y perfección.

Yo ya no la conoceré jamás. Las alturas donde crece son demasiado altas para mí. Pero la pienso, y la sueño.

A veces llega a mi vida un vago aroma -un recuerdo casi olvidado; la casi callada música de aquella voz querida; la caricia que el cuerpo guarda en la última memoria-, y sé entonces que ese perfume es el de aquella flor, flor tan hermosa que ni siquiera tiene nombre.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: