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Daniel Ulibarri

Entierro

No hay nada más que barro. 

El suelo parece seco y firme,

pero debajo hay un guiso de tormenta. 

Palas robustas, oxidadas, engomadas

y pesadas con las que sopeso y reorganizo.

Mi progreso es lento.

El sol me calienta tan a menudo,

que tengo que parar para tragar bocados

azucarados de té, quitar el sudor con mis dedos hinchados,

aplastar con fuerza a las lentas moscas que revolotean,

como solamente ellss saben.

Y cuando empiezo de nuevo,