La humilde vela da su luz en medio de la oscuridad.

No habla; no hace ruido; no suena campanillas ni se agita para que la vean. Cumple calladamente su misión, que es iluminar.

Así debería ser yo, pienso al mirar la llama de la vela que esta noche me salva de las sombras. Debería, como ella, hacer en silencio mi labor, y poner una luz, aunque sea pequeña y vacilante, en medio de la oscuridad.

Nada de ruido. Nada de palabrería. Ningún afán inútil; ninguna vanidad. Sólo hacer la tarea de cada día. Débil y frágil quizá será mi resplandor, y pasajero, pero por él la tiniebla será menos tiniebla, y menos negra la tenebrosidad.

Pequeña luz será la mía, sí, pero será parte de la luz.

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