Este año ha sido el más difícil para la mayoría de quienes nos tocó vivirlo. A nivel global, no había habido un impacto tan grande desde la Segunda Guerra Mundial.

No sólo fueron los cientos de millones de contagiados y los millones de muertos en todo el planeta (considerando que muchos no han sido contabilizados todavía porque no se les hizo prueba).

Ha habido duros golpes económicos, sociales, políticos y emocionales a todas las escalas, desde la individual hasta la mundial.

Muchas personas han muerto. Muchas relaciones han muerto. Muchas empresas y negocios han muerto. 2020 nos embarra en la cara que nada es permanente. Pero esta situación tampoco es permanente.

Las cosas van a seguir cambiando. El sufrimiento que podamos sentir pasará. Entonces, la cuestión no es tanto si sufrimos o no, sino qué pudimos aprender de 2020. ¿Cómo vamos a vivir el resto de nuestras vidas?

Sabemos que todos vamos a morir, pero desaprovechamos nuestra preciosa vida saltando de una tontería a la siguiente. Podemos perder en cualquier momento familiares, amigos, trabajo, prestigio, dinero, poder, casa, vehículo. ¿Vale la pena construir castillos de arena tan apasionadamente?

Más temprano que tarde, las olas devorarán nuestros castillos. Lo que importó no fue el castillo en sí, sino el proceso de construirlo y qué aprendimos para construir futuros castillos.

Se dice que las situaciones difíciles resaltan lo mejor y lo peor de la gente, y la pandemia no ha sido la excepción. Bajo tensión, las fallas estructurales se hacen evidentes, en individuos, familias, organizaciones, países y civilizaciones.

¿Pero qué haremos con estas fallas?, ¿las ignoraremos?, ¿las parcharemos?, ¿o lograremos cambiar lo suficiente para corregirlas? Los retos que vivimos en 2020 son sólo una probadita de lo que nos espera con el cambio climático.

Sabemos que con la organización actual no podremos evitar los desastres que vendrán. ¿Seremos capaces que transformarnos lo suficiente?

El Foro Económico Mundial (WEF) ha lanzado la iniciativa del «gran reinicio» (great reset), la cual resuena con otras propuestas similares. Después del enorme impacto que se ha desencadenado por la pandemia, hay oportunidades para transformar muchos sistemas que eran muy robustos durante la «normalidad».

Similarmente, después de la Segunda Guerra Mundial, se crearon diversas organizaciones como la ONU y la OTAN para intentar no regresar a una situación como la que desencadenó guerras previas. ¿Qué cambios serían necesarios para prevenir otra pandemia y crisis similares, o por lo menos para minimizar su impacto?

A nivel global, vemos que se requieren nuevos mecanismos de comunicación, coordinación y cooperación. Una pandemia o el calentamiento global no pueden enfrentarse si cada nación toma sus propias decisiones.

No podemos depender de si los gobernantes actuales ponen o no sus intereses de escalas bajas (individual, nacional, a corto plazo) sobre las escalas altas (regional, global, a largo plazo).

A nivel nacional, ha sido evidente que las democracias representativas son obsoletas, por su velocidad de reacción. Adicionalmente, cada vez es más importante que las decisiones estén basadas en hechos y respaldadas por la ciencia.

Tanto la democracia como la ciencia tienen sus puntos débiles, pero son las mejores maneras que tenemos hasta el momento para gobernar y para encontrar respuestas. Necesitamos mecanismos para transformar rápidamente el conocimiento en acción.

A nivel social, parecería que cada vez podemos ignorar menos lo interdependientes que somos. Lo que hacemos afecta a los demás y viceversa.

A nivel individual, podríamos cultivar más nuestra empatía. El reto no es decidir entre el bien común y el bien individual. El reto es alinear el bien común con el individual. Para lograr transformaciones a todas estas escalas, no puede haber conflictos entre ellas.

Tenemos que entender que no es factible tener bien individual sin el colectivo ni viceversa. Cuando hablamos de distintas escalas, no nos referimos a distintos fenómenos. Son perspectivas distintas del mismo fenómeno.

Recordemos 2020 con todo el sufrimiento que nos trajo. Que sea el combustible que nos permita lograr las transformaciones que necesitamos.

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