Daniel Ulibarri

Pueblo

 

Para mi gente en todas partes cantando sus canciones de esclavos repetidamente:

 

Sus endechas y sus cancioncillas y sus baladas
y jubileos.

 

Rezando sus oraciones todas las noches a un dios desconocido.

 

Doblando sus rodillas humildemente a un poder invisible.

 

Por mi pueblo prestando su fuerza a los

 

años pasados, a los años ahora y los años quizás.

 

Que lavan, planchan, cocinan, se agachan, cosen,

 

remiendan, cavan, plantan, levantan y aran la tierra.

 

Quienes podan y decoran el terruño arrastrados.

 

Esa gente que nunca gana, que no cosecha…

 

Pueblo que no sabe lo que no se enseña ni comprende.

 

Para el polvo y la arena de las montañas,

 

los patios traseros y los códigos implícitos.

 

Durante los estrechos y desconcertados años

 

que vamos a la escuela con falsas promesas,

 

sin razones ni respuestas, niños y niñas que

 

crecen a pesar de estas presiones binarias,

 

las cosas para hombres y las cosas para mujeres,

 

para reír y bailar y cantar y jugar

 

y beber su vino y religión y desconcierto.

 

Quienes para casarse con sus compañeros

 

de juego y tener hijos deben morir luego

 

entre la anemia emocional y el linchamiento.

 

Para mi pueblo perdido, desheredado, desposeído y feliz.

 

Su gente llenando los puteros y tabernas y demás bolsillos negros.

 

Para mi pueblo que necesita pan y zapatos y leche

 

y tierra y dinero y algo, algo que es todo nuestro.

 

Para mi pueblo caminando a ciegas y sin fuerzas

 

repartiendo alegría, cediendo el tiempo a la pereza.

 

Pueblo que duerme cuando tiene hambre.

 

Pueblo que grita cuando está agobiado.

 

Pueblo que bebe cuando está desesperado.

 

Pueblo atado y encadenado y enredado

 

entre criaturas invisibles que se elevan

 

sobre nosotros omniscientemente y se ríen.

 

Para mi pueblo tropezando y andando a tientas

 

y tambaleándose en la oscuridad de las iglesias

 

y las escuelas y los clubes y sociedades,

 

las asociaciones y consejos y comités

 

y convenciones, afligidos y perturbados.

 

Para mi pueblo engañado y devorado

 

por sanguijuelas hambrientas de gloria

 

y dinero, depredado por la fuerza fácil

 

del estado y la iglesia y la moda y lo que dirán.

 

Para el pueblo engañado por el falso profeta y creyente.

 

Para mi gente de pie escuchando,

 

tratando de crear una mejor manera

 

de atacar la confusión y la hipocresía.

 

Para quienes tratan de crear un mundo

 

que albergará a todas las personas,

 

todos los rostros, todos los adanes y evas

 

y sus incontables generaciones.

 

Que se levante una nueva tierra.

 

Que nazca otro mundo.

 

Que la maldita paz se escriba en el cielo

 

y se hará vibrar a universos enteros.

 

Porque aquí sí brota una generación llena de valor;

 

que se compromete con la libertad amorosa en crecimiento.

 

Para todo pueblo que permita que una belleza

 

llena de curación brinde ese apretón final:

 

el pulso en nuestro espíritu y en nuestra sangre.

 

Para cualquier pueblo que permite a canciones

 

marciales desaparecer en los cantos fúnebres.

 

Para el Pueblo que deja que una raza humana.

 

Pueblo que ahora se levanta.

 

Pueblo e instituciones que toman el control

 

que le sienta bien a cada mente, alma y corazón.

 

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