octubre 22, 2021

El odio y la envidia conversaban.

Dijo la envidia con tristeza:

He notado que no hago ningún daño al envidiado.

Lo mismo he observado yo -respondió el odio-. Tampoco el que es odiado resiente daño alguno. Y me lo explico.

¿Por qué? -preguntó la envidia.

El odio contestó:

Porque vos y yo no estamos hechos para dañar al que es objeto de odio o envidia. El daño que hacemos recae sobre el que envidia u odia. Quien recibe el odio, el envidiado, a veces ni siquiera se da cuenta de nuestra existencia. Pero el que odia y el envidioso sufren. Para eso fuimos hechos: la envidia daña al que envidia, nada más, y el odio al que odia.

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