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Daniel Ulibarri

El Mal

Llamáme hipócrita si querés.

Mereceré de sobra el calificativo.

O decime fariseo, palabra que por tener resonancias evangélicas suena más dramática.

Y, ya que andamos por ese campo -el de los epítetos cristianos-, acusáme de ser un sepulcro blanqueado, no me insultés: solamente hacé mi descripción. Vos me conocés bien.

Sabés que muchas veces he hecho mal. Fijáte que no digo “he hecho el mal”. Eso se queda para pecadores de más fuste.

Los asesinos a sangre fría, por ejemplo; los pederastas; los fabricantes de mierda, que saben que su producto mata y aun sabiéndolo siguen lucrando con él; aquellos que se aprovechan de la necesidad o ignorancia de su prójimo para enriquecerse; ésos hacen el mal. Ellos son el mal.

Cuando esa solitaria procesión pasa ante mí