octubre 27, 2020

La historia se ha contado de varias formas; evoca un origen centenario en algún país oriental. 

Un hombre cruza con frecuencia la frontera, va con su burro y un paquete que es invariablemente revisado por los guardias, quienes están seguros de que el tipo es contrabandista, aunque no pueden probarlo.

Rutinariamente el escrutinio no arroja nada y el jinete pasa sin problemas ante la sospecha renovada de los guardianes.

A la vuelta de los años, uno de los vigilantes, ya en retiro, se encuentra al sospechoso.

Los dos estamos fuera de circulación, así que ya no importa la respuesta. Decime, ¿qué es lo que contrabandeabas?“, el guardia queda atónito al escuchar:

¡Burros!“.

La anécdota es una muestra de la falibilidad humana.

Hay ocasiones en que lo evidente no lo es tanto y caemos en el engaño.

Tiene que ver con cómo percibimos la realidad. Lo que vemos, escuchamos, sentimos o pensamos está condicionado por lo que esperamos ver, oír, sentir y pensar.

Esta predisposición se forma de todo lo que hemos experimentado en el pasado. Así, el cerebro es el gran editor de nuestra realidad.

Ejemplo: ¿pro qué lso roreres de esat oarción imoprtan poco?

Nuestros ojos ven, el cerebro edita en función del conocimiento previo que tiene del lenguaje; así, entendemos lo que dice ahí a pesar de que no lo dice ahí.

Este recurso cognitivo en ocasiones nos juega al revés.

De alguna forma nuestro cerebro es “hackeable”.

Esta es la razón por la cual funciona la magia.

Sobre el escenario, un prestidigitador ha estudiado nuestras reacciones y se dispone a burlar nuestros sentidos, estamos ahí gozosamente, para ser timados.

El ilusionista distrae nuestra atención mientras estira un brazo o fija su atención en algún punto, acompaña su gesticulación corporal y su vista hacia una zona determinada, generando tensión en una mano mientras el truco sucede en la opuesta, en aquello que dejamos de ver tan sólo por fracciones de segundo.

Técnicamente se conoce como desplazamiento de atención.

O, más específicamente, política…

Una astuta maniobra de manipulación, un efecto distractor que acapararía la atención de miles y miles de votantes a quienes se les recordará la promesa (incumplida, por cierto) de erradicar la corrupción, con el efecto de hacer que los votantes entren en el mismo estado anímico de las pasadas elecciones presidenciales.

Tal cual, como hacen los magos, un efecto distractor mientras el truco sucede en otro lado.

Una especie de secuestro psicológico de las elecciones, por alguien que se dice demócrata y respetuoso de la ley.

Probablemente el mayor acto de ilusionismo en el mundo sea la llamada política de Renovación.

Mucho ojo…

 

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