septiembre 21, 2021

En las venas de Latinoamérica,

¿acaso confundimos su confianza con amor?

¿Hemos confundido su dolor?

Tratamos de cuidarlo.

¡Las lenguas vueltas locas!

Nuestra piel de repente áspera.

De pronto somos piedras y Él nuestra roca.

Sin embargo el corazón

se nos va también

cuando Él pone su cuerpo

en el miembro de madera.

Nos han conquistado una y otra vez

esas lenguas españolas

y los pecados del metal.

Así que ponemos su cuerpo

en el miembro de madera…

El dios blanco.

Tan blanco es nuestro Dios.

Cruza nuestras frentes,

pagamos esta vida cicatrizada

con cenizas y promesas de una derrota

antes de que nos la pida.

Nos sostiene con la distinción y calma

de ciudadanos honorarios,

le dibujamos letreros

en nuestros pechos bellos.

Alcanzamos el arma  primero

porque nos hemos disparado

y lo haremos de nuevo.

Ponemos su cuerpo

en ese miembro de madera

y salimos de nuestras casas

para alabarlo en nuestra tierra.

A pesar de las luces falsas,

lo tenue de sus hazañas,

los baches de lógica, espacios y tiempos

solamente él conoce nuestros pecados,

sólo él toca la madera;

¿acaso me he perdido algo?

No lo sé, pero yo no juego

con un dios blanco, tan lavado invento…

¿Por qué tan blanco es nuestro Dios?

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