Daniel Ulibarri

El cuerpo

 

El cuerpo corrió sobre piernas y agitó manos.

 

Cavó agujeros, rajó madera.

 

Saltó al agua, saltó de nuevo,

 

hizo fuego, se estremeció por el fuego.

 

Trepó por las rocas apresurado de un lado a otro.

 

Volvió a su origen, dirigió todas sus lágrimas

 

y ojos vacíos a las cuatro bocas del viento.

 

Mi cuerpo llevó otro cuerpo al bosque,

 

se olvidó de sí mismo, se encontró, se perdió.

 

Ahora está quieto.

 

Los niños pueden burlarse de él con palos.

 

Las mujeres le miran, cubriendo sus risas.

 

Los hombres lo desafían con su orgullo.

 

Pero cuerpo no quiere nada de ellos, no se mueve.

 

Sus manos se quedan donde están, juntas.

 

Sus ojos se dispararon, sus talones no corrieron

 

ni se arrastraron y su boca es un Consejo frío.

 

El cuerpo se ha detenido. Otros siguen adelante.

 

Pero el mío permanecerá en este Ahora, aquí.

 

Mañana parecerá olvidado en el no existió.

 

Aunque entrecierren los ojos hasta llorar,

 

no lo verán desde el borde de las nubes,

 

ni desde cualquier rincón de tinieblas.

 

Sin embargo estará al acecho de que lo recuerden

 

como un sueño entumecido por el peligro.

 

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