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Daniel Ulibarri

El cáncer y el cielo iluminado

Las mujeres tienen una relación múltiple con sus senos: en principio, la hipersexualización mientras crecen; después, para quienes se convierten en madres, viene la lactancia; y, finalmente, la latente posibilidad de desarrollar cáncer, que es un camino paralelo y visible al que se asoman de vez en cuando y sienten ese terrible vértigo.
Este mes se pone la lupa sobre el cáncer de mama, una enfermedad cada vez más cercana. Para mi mamá, el 19 de octubre, Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, se celebra.
En mi familia, octubre se trata de conmemorar la vida.
Con el diagnóstico temprano de un cáncer en la mama izquierda y con la fortaleza y resistencia corporal que implica una cirugía bilateral, mi mamá se volvió a aferrar a la vida.
Con más conciencia de las implicaciones de la enfermedad escribo este testimonio, porque frecuentemente me pregunto en qué medida creció mi admiración por ella gracias a este proceso.
A pesar de que el cáncer de mama se ha convertido en una enfermedad con mayores posibilidades de prevención y de detección oportuna, no todas las mujeres corren con la misma suerte con la que corrió mi madre.
Mientras escribo, siento que de alguna extraña manera me regocijo en la vida y traiciono el dolor implícito en esta historia.
Supongo que esa es la ventaja que da la distancia: cuando se es capaz de mirar en retrospectiva los eventos que nos marcaron, pero sin tantas emociones de por medio.
O por lo menos sin el riesgo de desbordarse cada vez que se habla de ello, como me pasó durante un tiempo. O como seguramente todavía me pasaría a mi si yo fuese ella.
El cáncer es una enfermedad durísima, tanto para quien la padece como para quienes le rodean.
Lejos está de ser causa de celebración cuando es reciente, aunque exista una batalla librada.
Nunca me sentí cómodo con articular que mi mamá estaba luchando, me daba mucha rabia que hubiese tenido que recorrer ese camino, pero no es poco ni insignificante.
Así que sí, pese a mi incomodidad con la palabra, mi mamá luchó con todo su cuerpo. Un cuerpo que hoy, claramente, es un campo de batalla en el que las cicatrices cuentan cómo la invadió el cáncer.
Es raro que, después de todo lo vivido junto a mi madre, yo sea capaz de pensar, sentir y hablar sobre el cáncer desde la victoria. Porque en realidad nunca se pueda cantar victoria cuando de cáncer se trata.
La fortuna de la supervivencia arroja muchas enseñanzas, pero en el trayecto existe pura incertidumbre, miedo y dolor.
Quiero pensar que al cáncer le pusimos punto final. Ese es mi deseo para ella y para mí.
Aunque, siendo hombre, no compartamos el temor que acompaña las revisiones y, en el caso de ella, los estudios que descartan una nueva visita de la enfermedad, lo que ha sido hasta el día de hoy, nos han permitido que octubre sea un mes de celebración y discusión.

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes son amantes del "fitness", el gimnasio, las dietas y los maratones y cualquiera que abrigue escrúpulos de moralina, se encierre en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, deje de lado estos renglones ahora mismo.

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