septiembre 22, 2020
 

Lord Feebledick recibió un anónimo.

Se usaba aún esa cobarde forma de joder al prójimo, sustituida ahora por el anonimato de los mensajes en los medios electrónicos y las redes sociales.

En aquel escrito «un amigo» le informaba a milord que su esposa, lady Loosebloomers, lo hacía cornígero siguiendo un calendario establecido…

Los lunes con el vicario, que tenía ese día libre.

Los martes con el guardabosque.

Los miércoles con el caballerango.

Los jueves con el chofer.

Los viernes con el jardinero.

Los sábados con el encargado de la cría de los faisanes.

Y los domingos con el mayordomo, que por ser librepensador no iba a ninguna iglesia y podía disponer del día.

Lord Feebledick puso en conocimiento de su mujer el dicho anónimo.

Lo leyó ella y no negó su contenido, pues en el colegio de Miss Jellyrump había aprendido a decir siempre la verdad.

Tras aceptar su culpa le hizo a su marido una formal promesa:

«En el futuro dejaré de ver al jardinero. Después de todo me hace falta un día de descanso en la semana«.

«¿Solamente dejarás de ver al jardinero? -se atufó mi lord-.

Y ¿qué me dices de todos los demás?«.

«Feebledick -le contestó lady Loosebloomers en tono de reproche-.

Recuerda que cuando tú dejaste el cigarro lo hiciste poco a poco«.

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