enero 15, 2021

Siempre puntual llegaba al rancho doña Nacha.

Parecía que los manzanos la estaban esperando. Llenas de fruta, las ramas se inclinaban hasta el suelo, como pidiendo que las aligeraran de su carga. Era entonces cuando llegaba doña Nacha.

Llegaba de repente -también así se iba- con su hatillo de ropa y su bagaje de noticias recogidas en el curso del año que pasó. Hablaba de nacimientos, bodas, muertes -sobre todo las ocurridas con violencia-; narraba desaforados chismes de amores pecaminosos y amoríos culpables.

Cuando la conocí por primera vez me pidió trabajo.

¿Qué es lo que hace usted? -le pregunté.

Respondió ella muy seria:

Me dedico a la profesión más antigua del mundo.

Yo abrí la boca, sorprendido.

, -añadió con pícara sonrisa-. Recojo la manzana, como Eva.

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