Daniel Ulibarri

Dios es amor

 

Aplaudo al Papa Francisco por la exhortación que hizo a los padres de hijos homosexuales para que los apoyen y les muestren amor y comprensión en vez de reprocharles su preferencia sexual y adoptar ante ellos una actitud condenatoria.

 

La postura del Pontífice corresponde al espíritu cristiano.

 

Por fortuna van desapareciendo ya en la sociedad las aberrantes actitudes homofóbicas que hacían víctimas de discriminación, hostigamiento y violencia frecuentemente mortal a las personas de preferencias sexuales diferentes.

 

Subsisten aún, sin embargo, reductos de intolerancia que muchas veces por consideraciones de orden religioso mantienen quienes reprueban en modo irracional, y desde luego totalmente anticristiano, a las personas homosexuales.

 

Por eso es tan valiosa la manifestación del Santo Padre, pues su voz será escuchada en todo el mundo como un llamamiento a la conciliación, a la paz en las familias y, sobre todo, al amor que vence todas las diferencias.

 

Soy partidario de que todos gocemos de los mismos derechos civiles y eclesiásticos que los heterosexuales, pero comprendo que las iglesias no pueden caminar al mismo paso que los gobiernos en la instauración de una igualdad total entre la comunidad LGBTQIA+ y heterosexuales.

 

Los llamados Libros Sagrados, en muchos aspectos despiadados, condenan acremente la homosexualidad, y tendrá que pasar mucho tiempo para que esa intolerancia se supere, así como otras se han superado ya.

 

Hoy, por ejemplo, ni el más ultramontano de los curas esgrime el viejo principio, antes irreductible, de que “fuera de la Iglesia no hay salvación“.

 

Otros cambios vendrán igualmente admirables que estarán inspirados por el mismo “Espíritu” que ha inspirado éstos, y que es siempre un espíritu de amor.

 

Todas las teologías caben en tres palabras: Dios es amor.

 

Fue un sentimiento de amor cristiano el que motivó las palabras de Francisco a los padres de hijos queer.

 

Ese mismo amor traerá consigo los cambios que harán de mi iglesia una comunidad más inclusiva, más justa con la mujer, más acorde con la naturaleza humana y con respuestas más actuales a los ingentes problemas que afronta en nuestra época y que en forma tan grave la amenazan.

 

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