septiembre 27, 2020

Me duele el destino” -les dijo Pepito a sus papás. La madre se inquietó; el papá pensó que su hijo era un niño prodigio de la filosofía, así como los hay de la música o el ajedrez. Un Mozart o Bobby Fischer de la ontología, por decir.

Le preguntó, solemne: “¿Acaso no es doloroso?“.

La señora, más práctica, inquirió: “¿Dónde exactamente te duele?“.

El chiquillo se señaló la parte de la entrepierna.

Dijo el padre, algo decepcionado: “-Eso no se llama así. Tiene muchos nombres, pero jamás he oído que le digan ‘el destino‘”.

Con una pregunta respondió Pepito: “¿Entonces por qué en la fotografía de los novios que se casan dicen los periódicos: ‘Unieron sus destinos’?”… “Sos un mentiroso. Siempre me habías dicho que tu abuelo murió de muerte natural, y ahora me entero de que lo ahorcaron por bandido”.

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No te mentí. Con la vida que llevaba era natural que lo ahorcaran“. Cuando en el rancho del Potrero alguien muere de viejo la gente dice que “murió de su muerte“.

Así dijeron de doña Elisa, quien falleció a los 110 años de edad -sus hijos la tenían en una cunita de bebé, entre algodones-, e igual del señor Sixto, que se aburrió de vivir, dijo. “Nada más escribo una carta –declaró– y me muero“.

La escribió -en ella se despedía de su esposa, que se había ido a Panamá de compras-, y después de firmarla procedió a morirse como quien se va a dormir.

De muchas cosas está urgida Costa Rica en estos días ominosos: de camas de hospital, de tapabocas, de respiradores, de medicamentos. Pero algo que le hace igualmente mucha falta es la verdad.

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No se han de ocultar, so pretexto de no causar alarma entre la población, las verdaderas cifras de las muertes ocasionadas por el coronavirus. Si alguien murió por efecto de ese mal no se debe poner en su certificado de defunción que falleció a consecuencia de una “neumonía atípica”.

Lo peor que las autoridades de salud podrían hacer sería ocultar los hechos, maquillar las estadísticas o rasurarlas. La verdad es a veces dolorosa, pero sirve para enfrentar la realidad y tomar las medidas necesarias para evitar que nos rebase.

De cara a esta epidemia la verdad es también una medida sanitaria… 

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