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Daniel Ulibarri

Desconciertos y dependencias


Don Languidio llegó a su casa con ánimo abatido.

Le comentó a su esposa:

“El médico me dijo que no puedo fumar, que no puedo beber vino, que no puedo hacer el amor”.

Preguntó muy intrigada la señora:

“¿Cómo se enteró de esto último?”.


Selene llamaban a la Luna los poetas.

Ese nombre deriva del de la diosa que por la noche -según bella leyenda de la mitología griega- se dedicaba, entre otras cosas, a inspirar sueños de amor a los mortales y a producir el rocío de la mañana.

Los hombres de la antigüedad pensaban que Selene, o sea, la Luna, tenía habitantes, los selenitas.

Pues bien, un selenita le dijo a su novia con amoroso acento:

“¡Mirá, mi vida! ¡Hay Tierra llena!”.


Un sultán le contó a otro:

“Anoche me dormí hasta después de las 4”.

Declaró el otro:

“Yo generalmente después de la segunda me quedo bien dormido”.


Don Chinguetas le preguntó a su esposa, doña Macalota:

“¿Dónde están mis calcetines de golfista?”.

“¿Calcetines de golfista? –se desconcertó ella-. ¿Cuáles son ésos?