septiembre 27, 2020

original (99)

Denuncia sin el límite de la denuncia.

A lo que no recibe denuncia.

A lo que la denuncia traspasa.

Algo peor que la denuncia misma…

Denuncio a los medios y comunicadores en general.

Denuncio a los moderadores de estos sin excepción por indefinición ideológica y especulación comercial, ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa que resultan explotadores de sus obreros; por ser los engranajes de un pensamiento básico; a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado que al producirse el más mínimo movimiento serían los primeros en auto-reprimirse y reprimirnos.

Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante, porque reprimen la información necesaria para deshacernos de costumbres y actitudes represivas que no solo se dan en otras partes del planeta.

Porque consideran que los costarricenses no podemos ni debemos identificar que nuestro país está inundado en corrupción y opresión, que no debemos ver el racismo sistemático, el populismo de extremos, los falsos profetas… por impedirnos ver hacia adelante. Por ahogarnos en la mediocridad de todas las pobrezas: intelectual, emocional, institucional, religiosa y económica.

Denuncio a otras mentalidades por elitistas y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por instintivo no puede morir antes de la vida misma: el inevitable cambio.

Denuncio a la distribución de información falsa en sí misma, y por deformar la información verdadera para hacerla coincidir con las otras mentalidades a las que denuncio.

Denuncio a los participantes de toda forma de represión por represores y a la represión en sí por atañer a la destrucción de la especie.

Denuncio finalmente a mí: yo, enfermo por impedir que mi centro de energía esencial domine este lenguaje al punto que provoque una total transformación en mí y en quien se acerque a esto.

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