La democracia es costosa, es ruidosa y es latosa, pero no se ha encontrado todavía un mejor sistema de gobierno.

Ciertamente las dictaduras suelen ser más eficaces -algunas hay, claro, que no lo son-, pero los yerros de la democracia se pueden corregir con más democracia, en tanto que los dictadores suelen empecinarse en sus errores, y repetirlos.

Su terquedad es la de una mula; no escuchan consejos ni opiniones. Tienen por lema aquel refrán antiguo que decía: «El que manda, manda, y si se equivoca vuelve a mandar«.

Las aguas de la democracia traen a veces cosas inquietantes. Sucede en ocasiones que lo que se esperaba era mayor que lo que se recibió. Hay que confiar entonces en que la democracia borrará lo que escribió antes. No hay que dar cabida al pesimismo o la desesperación.

En caso de que esa señorita, la Democracia, cometa algún error, esperaremos a que lo enmiende ella misma. Tarde o temprano lo hará.

En nuestros tiempos la democracia no tardará tanto si se presenta de nuevo la ocasión de echar democráticamente borrón y cuenta nueva.

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