fbpx
Daniel Ulibarri

De autoridad y autoritarismo

Las organizaciones empresariales, gubernamentales, incluso las familias necesitan un liderazgo; las que tienen un buen líder crecen, se apoyan y avanzan.

En cuanto al líder, no es lo mismo tener poder que autoridad, el que tiene poder y carece de seguridad en sí mismo, controla, no permite que los integrantes del grupo avancen, utiliza la fuerza más que la autoridad, castiga, amenaza, crea miedo, teme perder el poder, ser derrotado.

El que tiene autoridad ayuda al crecimiento del grupo, confía en la capacidad de los demás, toma decisiones en consenso sin recurrir a la fuerza.

La autoridad es un fenómeno social, el que la ejerce, tiene que ganarse el respeto de los demás: padres, maestros, jefes, funcionarios en el gobierno.

La autoridad salva a la sociedad, pero también puede destruirla.

Hasta el hombre más equilibrado corre el riesgo de perder el sentido de la realidad a causa del poder que le da la autoridad.

La autoridad política no es natural como la doméstica. Un pueblo puede vivir oprimido por el autoritarismo, la dictadura y no le queda de otra que tolerarla, como ha sucedido en varios países.

El autoritarismo es la falsa energía del débil, el verdadero líder no necesita oprimir, ser tirano, ni causar miedo.

En estos tiempos el líder político se ha empobrecido, ha perdido la confianza de los ciudadanos; la corrupción, la mentira, los dobles mensajes, el abuso de poder amplificado por la inmediatez de las redes sociales, hasta son temas de burla.

En el mundo globalizado necesitamos principios políticos más o menos compartidos.

El paisaje mundial presenta grandes retos, la convivencia entre los países poderosos y los emergentes como Costa Rica, que luchan por el libre mercado, encuentra obstáculos.

Hay líderes autoritarios, enfermos de poder, que obstaculizan los acuerdos, como el Presidente Trump, quien,