La vida que nos mata

Ahora estamos aquí de nuevo, en el gordo suicidio buscando una hoja de esperanza en la basura.

Las escaleras desgastadas suspiran en la oscuridad, los vendajes desenredados.

Los agujeros negros que hacen las agujas del tatuaje se hinchan:

es la panza enorme hambrienta que grita en su cama.

Llegamos tarde una y otra vez con los pies heridos mientras el agua corre toda la noche por las viejas tuberías.

Ella dormita en el tazón, nuestra madre luna.

Canta una pequeña canción y lava la ciudad por sus muslos.

Todo eso es deseo, todo eso es un sueño, todo lo que imaginamos antes de que pudiera ser verdad.

Estas manos floreciendo ante nuestros ojos, dedos que leían las epopeyas que la cebolla escribió.

Nuestros ojos hablaban con los caballos en los campos fríos cuando todavía eramos los niños que seremos nuevamente al final.

Daniel Ulibarri

Amante del humo, la gasolina, los químicos y preservantes. Quienes abriguen escrúpulos de moralina, se encierren en sus 'tiquismiquis' de conciencia y provincialismos santurrones, favor dejen de lado estos renglones ahora mismo.

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