Daniel
Antes de vos yo ya había cerrado todas las ventanas.
El edificio estaba oscuro y yo era solo otro piso vacío.
Entonces apareciste dos pisos más arriba,
cargando el mismo nombre que yo usaba para odiarme.
Te movías por la vida como si todavía valiera la pena
y sin pedir permiso empezaste a filtrarte por las grietas del techo.
Ahora estás a tres horas de camino
y sin embargo seguís viviendo dos pisos más arriba dentro de mí.
Tus acciones se me metieron en los huesos.
La forma en que vos decidiste vivir me empezó a doler de esperanza.
No sé si me salvaste o si simplemente
dejaste de tenerle miedo a estar vivo,
y yo, viéndote, me acordé de cómo se hacía.
Gracias a vos volví a creer que se podía.
No con palabras.
Solo con ver cómo vos elegiste seguir.

