septiembre 22, 2020

Expresiones de una cultura perezosa


«No puedo hacer eso que me pide. Soy señorita«.

Con esas palabras rechazó la joven y linda trabajadora doméstica los inmorales requerimientos de su lúbrico patrón.

«Precisamente -respondió el salaz sujeto-. Usted es señorita y yo soy señor«.


Los novios que habían pasado la noche de bodas en la suite nupcial del hotel bajaron a desayunar.

La desposada se azaró al advertir que todos los comensales, lo mismo que el personal de servicio, suspendían sus conversaciones y lo que estaban haciendo para poner en ella los ojos.

Apenada y confundida le reclamó a su flamante maridito:

«Te pedí que no le dijeras a nadie que somos recién casados. ¡Mirá cómo todos se me quedan viendo!«.

Replicó el muchacho:

«Te juro que no les dije que somos recién casados. Les dije que solamente somos amigos«.


Pechina le dijo a su galán:

«Las dos cosas que me gustan más de vos son tu inteligencia y tu sentido del humor. ¿Cuáles son las dos cosas que te gustan más de mí?«.

Respondió el avieso tipo:

«¿De veras querés que te lo diga?«


La mamá de Pepito lo regañó porque no se había lavado los dientes, dejó su ropa tirada en el suelo, no terminó la tarea y tenía su cuarto en desorden.

Terminada la áspera reprensión Pepito le dijo:

«Mami: siempre me has dicho que hay muchos pobres niños que no tienen mamá. ¿Por qué no te vas a su casa a ser la mamá de ellos?«.


Un individuo le pidió empleo a cierto político encumbrado.

Le preguntó el político:

«¿Es usted honrado?«.

Replicó el hombre:

«¿Por qué me lo pregunta? ¿Constituye eso una limitación?«.


 

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