Daniel Ulibarri

Cuerpo imposible

Hay una enfermedad en mí cuando la noche me despierta con una mancha en la boca.

Un océano se ha levantado y se ha ido hacia atrás: un desierto en las rocas que son mis dientes.

Apesto y apestan. Mi boca es fea, el hedor humano. Un color oxidado dentro de mi.

No puedo deshacerme de eso. Se levanta después de que yo me cepillo los dientes, el sabor a hierro.

En la noche, acostado como un sueño, un rayo de luz cáustica me lava por dentro.

¿Qué hago con mis brazos? Ellos se enrollan fuera de mi cuerpo como serpientes.

Se ramifican y escupen.

Quiero sacudirlos hasta que caigan como raices marchitas y doblarlos de manera correcta—hasta encajar en ellos, o ellos en mí.

Tengo que dejarlos cuidadosamente como un viejo vestido de novia y doblarlos como los brazos de un cadáver.

Cada noche lucho por la paz de ambos brazos. Soy un mártir, tieso y podrido por dos mil años.

Doy la vuelta hacia mi lado izquierdo, buscando comodidad después de una muerte dura y larga.

Los ángeles miran hacia abajo tiernamente: “Él está durmiendo“, dicen, mientras cosen mi cuerpo y pies desnudos.

Estoy despierto cuando estoy durmiendo y estoy durmiendo cuando estoy despierto.

Nadie sabe, ni yo, porque mis ojos están cerrados ante mí mismo.

Creo que estoy pensando, eso me sugiere el hombre recostado a mi lado.

Él piensa en su sueño que yo estoy despierto y me exige leer todo lo que escribo y un bolígrafo rasga mi piel.

Debe haber una idea que me parezca interesante: como si buscara capturarme en una novela significativa y épica, buscando un lugar para mi cuerpo en mi propio cuerpo.

Soy como un perro pateando una manta en el piso.

Tengo que girarme y torcerme como un trapo hasta que yo pueda olerme en mí mismo.

Estoy sudando; el agua se escurre de mí como gordo en tobogán.

Pongo mi cabeza en el hueco de mi brazo como fuera Instagram.

Los huesos del pie izquierdo son demasiado pesados para los huesos del pie derecho.

Ellos se quedan quietos un rato, durmiendo hasta que se magullan unos a otros como gemelos enfurecidos.

Entonces los huesos de mi pie derecho mandan a los huesos del izquierdo al lugar que le espera también en el infierno.

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